jueves, 19 de noviembre de 2009

"Luna Nueva"


Luna nueva (conocida como New Moon en inglés) es la secuela de Crepúsculo, una película basada en la novela homónima de la escritora estadounidense Stephenie Meyer y adaptada al cine por Melissa Rosenberg. Ésta segunda parte de la saga muestra un momento muy oscuro en la vida de su protagonista: Bella Swan, una adolescente que enfrenta una depresión tras la partida de su novio Edward Cullen, un vampiro, que la deja para evitar poner en peligro su vida, la situación la acerca a su amigo Jacob Black, quien empieza un proceso de metamorfosis que lo transforma en hombre lobo.


Solo esperar el Estreno...

Andriu iremos con Vampirito... besos

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Ramón de Campoamor


Amar y Querer.

A la infiel más infiel de las hermosas
un hombre la quería y yo la amaba;
y ella a un tiempo a los dos nos encantaba
con la miel de sus frases engañosas.

Mientras él, con sus flores venenosas,
queriéndola, su aliento empozoñaba,
yo de ella ante los pies, que idolatraba,
acabadas de abrir echaba rosas.

De su favor ya en vano el aire arrecía;
mintió a los dos, y sufrirá el castigo
que uno le da por vil, y otro por necia.

No hallará paz con él, ni bien conmigo
él que sólo la quiso, la desprecia;
yo, que tanto la amaba, la maldigo.

Ramón de Campoamor (1817-1901)

lunes, 16 de noviembre de 2009

"Regálame tu Eternidad"






Ella: Encláustrame a tus pies y oblígame a depender de ti, pero solo si es tu amor el que me dejara vivir.


Él: Cuando en la noche te envuelven las alas de tul del sueño y tus tendidas pestañas semejan arcos de ébano, por escuchar los latidos de tu corazón inquieto y reclinar tu dormida cabeza sobre mi pecho diera, alma mía, cuanto poseo: ¡la luz, el aire y el pensamiento!


Ella: Aléjate de mí, aunque se que siempre,
he permanecer en tu sombra.


Él: Aunque me aleje para siempre, mi alma volará a la tuya por que se pertenecen, ni un instante lograre no pensarte, no temas se que en cualquier lugar en que te halles, tu corazón libre y ardiente, envuelto en llamas, me llamará junto a el, inevitable será no entregarme.


Ella: ¡Porque puedo olvidarme de llorar
gracias a ti, y así perder tu amor!
Por amor de mi amor quiero que me ames,
para que habite en los cielos, eternamente.


Él: Amor... no puedo amarte , ya mi corazón pertenece a alguien, tarde quizás apareciste en mi vida , como tarde se aprecia a la flor que nace cuando el sol se oculta tras el horizonte y solo vive unos instantes, pero aunque mi amor ya tenga refugio y mi beso solo sea beso de ella. Te digo, adorada princesa, que mi corazón late en mi pecho y ese latido te nombra en silencio...


Ella: Se que eres prohibido, pero haz de mi tu pecado mas conciente;
busca en mi cuerpo mi sabia bendita,
nutre en mi piel tu esencia delirante,
condéname al infierno,
pero no me dejes sin el sabor de tus besos,

sin el olor de tu cuerpo.


Él: Cuando enmudece tu lengua,
y se apresura tu aliento,
y tus mejillas se encienden,
y entornas tus ojos negros,
por ver entre tus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos,
diera, alma mía,
por cuanto espero:
¡la fe, el espíritu,
la tierra, el cielo!


Ella: Hagamos juntos un sitio donde permanecer de pie,
donde la felicidad de las horas sea amarnos por un día,
rodeados por la Oscuridad como única compañía.



Él: Pero amada mía, no me pidáis que no quera una eternidad contigo, si tu beso me haría esclavo de tu alma radiante que ilumina mi camino.

Me encantaría vagar por las noches juntos, unidos para siempre solos tú y yo, y disfrutar de la eternidad


Ella: Disfrutando de sencillos detalles,

Disfrutando de perpetuos besos,

Disfrutando de complicados tiempo,

Disfrutando de tu hermoso cuerpo...

¿Y si no puedo disfrutar contigo la eternidad?

¿Y si los dioses en vez de ese bello regalo?

Me torturan con la muerte…


Él: Si los dioses te regalan la muerte. Muerte quiero para mí. Que este dolor no cesa sin tu aliento junto a mí, sin tu beso sobre mis labios, ni tu cuerpo perfecto sobre el mío, Que seria de mi vida en este mundo terrenal sin ti adorada mía.
Ansío tu beso con locura y tu cuerpo desnudo; mas no me lo des, pues no lo merezco. Digno mi cuerpo no es de tanta belleza, de tanta pureza, déjame extrañarlo como el sol extraña a la luna, deja que sea un lindo sueño y que jamás se trasforme en pesadilla.



Ella: Soñare con la brisa de tus gemidos, dormida en tu boca;
soñare con las caricias de tus manos, danzando en ellas;

soñare con la pasión de tu sangre, bebiendo de ella....


(Guillermo Donoso / Belén Olate)

viernes, 13 de noviembre de 2009

EL TIGRE Y LA CABRA


Se cruzaron un día y se enamoraron a simple vista. El tigre la miró embelesado pues era una cabra realmente hermosa. Ella hizo como que bajaba la mirada.


Cada uno vio una hermosa luz en los ojos del otro. El tigre dijo:
- "Hola, ¿como te va?".
- "Muy bien", contestó ella, que a su vez preguntó en forma aparentemente inocente: - "¿Tu quién eres?", mientras le corría una chispeante sensación por la columna vertebral al estar tan cerca de tan hermoso ejemplar de tigre.

El tigre dio un paso atrás pensativo y empezó a balbucear:
-"Yo soy..., yo soy...." y mientras decía esto, el tigre, que sabía que las cabras desconfiaban mucho de los de su especie, pensó en una mentirita piadosa y dijo con firmeza: - "Yo soy un gato".

Entonces la Cabra pensó que al Tigre no le iba a gustar mucho estar ante una cabra y antes que éste preguntase, dijo rápidamente:
- Yo soy un perro.

Y de este modo un tigre que se hacía el gato, y una cabra que trataba de pasar por perro se encontraron por primera vez. Pasaron los meses y el amor iba en aumento, hasta que llegó el día que se dijeron casi al mismo tiempo.
- Ya no puedo vivir sin ti, quiero compartir mi vida contigo, quiero que vivamos juntos. Y el tigre y la cabra se fueron a vivir juntos. Era casi cómico verlos en su nuevo hogar. El tigre haciendo de gato y tratando de comer las verduras y las papillas que tanto le gustaban a la cabra.
Cada tanto el Tigre miraba la vida que llevaban los otros tigres, se ponía un poco triste y se decía: - Tengo que lograr ser un gato, es más soy un gato al que le gusta comer verduras y papillas, y quedarse en su hogar. Incluso llegó a poner cartelitos por todos lados que decían "recuerda que eres un gato".

La Cabra, por su parte, y desde el profundo amor que tenía, trataba de ser un fiel perro guardián del hogar. Pero era inevitable: a ella le gustaba el sabor de lo lejano. Siempre la siguiente colina parecía tener el prado más verde y hacia ahí quería ella salir corriendo, aunque no lo hacía.

Se quedaba en el hogar entristecida cada vez más mientras esperaba a que el Tigre volviese.

Un día, como tantos otros, el Tigre se había tirado, como un minino, delante del hogar de leña y recordaba la selva, con todos sus peligros. Recordaba su vida llena de momentos de entusiasmo súbito, visiones instantáneas, planes gigantescos y estrategias inteligentes donde él se lucía con todo su porte. Fue entonces que recordando una de sus tantas aventuras se le escapó un suspiro.
En ese momento la cabra lo escuchó, y le preguntó qué le pasaba. El habló vagamente de la selva y de las bellezas que contenía, y al ver que la cabra escuchaba atentamente, el tigre terminó afirmando que la selva era el mejor lugar para que los gatos y los perros fuesen a buscar diversiones.

No le fue difícil convencer a la cabra, que le gustaba todo lo novedoso, para que lo acompañara a la selva. Pero todo fue un desastre. No bien entraron en la espesura, aparecieron los primeros peligros y mientras el Tigre se relamía pensando que por fin empezaba un poco de acción para desentumecer sus músculos, la cabra se asustó tanto que salió corriendo hacía la primera colina que vio.

Allí se quedó escondida detrás de un pequeño arbusto, hasta que el Tigre la encontró temblando y la llevó al hogar.

Siguió pasando el tiempo y la añoranza y la tristeza que iban penetrando profundamente en el interior del tigre sólo era comparable a lo que le sucedía a la cabra.

Ella seguía quedándose en la casa esperando que su majestad volviese, mientras refrenaba sus impulsos naturales de salir corriendo detrás de cualquier cosa que llamase su atención. Su innata curiosidad no sólo estaba presente, sino que aumentaba constantemente. Ella también suspiraba por lo que no tenía.

Le hubiese encantado salir corriendo hacía el prado y charlar con otros animales, pero no lo hacía pues sabía que esto sacaba de sus cabales al celoso Tigre, que veía por todos lados a galanes pretendiendo a su cabra.

No era difícil imaginar el futuro de la relación: El tigre, luego de haber tratado de vivir su día como un gato, volvía de noche cansado y de mal humor, y se encontraba con la cabra, que había estado encerrada todo el día, tratando de vivir como un perro y con un humor tan malo como el del Tigre.
Alcanzaba un pequeño gruñido del tigre para que la cabra se pusiese loca. Alcanzaba algún pequeño desliz de la cabra para que el tigre rugiese.

Así pasaron los años......

La cabra se recriminaba: - He tratado de ser todo un perro para agradarlo, pero es inútil este tigre nunca termina de convertirse en un buen gato.

El tigre también sentía lo mismo que ella. Había tratado de vivir como un gato. Se había entregado a esa cabra creyendo que se iba a comportar como un perro, y ahora se daba cuenta que era inútil. Lo único que había logrado era tener una cabra triste y rezongona.

Hasta que un día, casi ya sin fuerzas la cabra que quería ser perro y el tigre que quería ser gato, se miraron a los ojos como el primer día, pero esta vez en vez de luz encontraron sus miradas perdidas, tristes, y se dieron cuenta que contra la naturaleza no se puede ir.

Finalmente desde todo el amor que todavía se tenían, se separaron.

Así la Cabra se redescubrió y reencontró con su verdadero ser, volvió a ser ella misma: Recuperó su belleza, disfrutó de su plena libertad, volvió a ser creativa, disfrutó de la naturaleza pacífica, de sus sueños. Buscó y encontró la seguridad que necesitaba en su hogar, desde el cual podía salir a saltar a gusto y sin peligro por los campos verdes. Y finalmente pudo tomarse todo con calma, pues ella valoraba la tranquilidad.
Por su lado también el Tigre se reencontró con su verdadero ser.

Así fue pasando el tiempo para el Tigre y para la Cabra, hasta que un día se encontraron frente a frente. El miró de nuevo a esos ojos cargados de luz, y le dijo: - Yo soy un Tigre. Y ella sin esperar que él preguntara, contestó, mientras también lo miraba fijo a los ojos, también llenos de luz: - Yo soy una Cabra.

Y se fueron felices caminando juntos por un sendero. El Tigre le hablaba de sus historias de la selva, mientras la Cabra le contaba de la última flor que había descubierto en una nueva colina.